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ESPECIAL BELLEZA
PIEL URBANA

 

Vivir en las grandes ciudades supone una dura prueba para la piel, y es que los agentes contaminantes, los constantes cambios de temperatura y de humedad a los que se ve sometida restan gran parte de su hidratación y bienestar. 

 

 

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Es más, se sabe que la acción de la luz azul que proyectan los dispositivos electrónicos también aceleran el proceso de envejecimiento. Todos estos factores externos actúan como verdaderos ladrones de belleza, robándole a la piel toda su energía, vitalidad y juventud. con el tiempo, ésta se vuelve irritable, seca y con falta de luminosidad… son las consecuencias del ritmo estresante de la gran ciudad.

 

 

A ritmo de la gran ciudad

La polución ambiental es uno de los peores enemigos de la piel. Más del 80% de la población europea está expuesta a niveles altos de polución que superan las recomendaciones de la OMS (Bruselas). Escudo defensivo entre el medioambiente y el organismo, la piel hace de pantalla a los contaminantes y a los daños que estos producen.  INMACULADA VIVÓ. Directora Técnica de GERMAINE DE CAPUCCINI

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Los medios de defensa biológicos y físicos (capa córnea, barrera anti-oxidante, mecanismos de detoxificación) están programados para permitir que la piel se defienda de los ataques de la contaminación y del estrés que ella genera. Sin embrago, la exposición prolongada y repetitiva a niveles elevados de contaminación sobrepasa esta  capacidad de defensa, causando daños irreversibles que comprometen cada vez más los sistemas de protección y detoxificación naturales de la piel. Un ambiente contaminado produce hipoxia tisular (falta de aporte de oxígeno) y el metabolismo cutáneo se ralentiza. Llegados a un punto extremo, la barrera cutánea se altera, lo que se traduce en los siguientes síntomas cutáneos: 

  • Tono poco uniforme, aspecto apagado y cetrino.
  • Piel rugosa y flácida.
  • Formación de discromías. Aparecen manchas con mayor facilidad.
  • La piel se ensucia y los poros se obstruyen.
  • Se activa el proceso de inflamación.
  • Los niveles de reserva de agua descienden, dando paso a la deshidratación.
  • Se acelera el proceso de envejecimiento cutáneo debido al aumento de producción de radicales libres.

Piel en peligro

La piel tiene que hacer frente a más de 300 fuentes de polución, una cifra bastante elevada que pasa una factura tarde o temprano.Grosso modo se distinguen tres grandes familias de contaminantes externos a nivel cutáneo: los rayos solares, la contaminación atmosférica y la contaminación doméstica.

 

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Rayos solares. Engloban los ultravioleta UVA y UVB, pero también los infrarrojos y la luz visible.

Contaminación atmosférica. La contaminación atmosférica proviene de la naturaleza (polen, erupciones volcánicas...) pero también, y sobre todo, de las actividades humanas (industria, automóvil, agricultura…). Esta contaminación genera en la piel o que se conoce como estrés oxidativo.

Contaminación doméstica. La polución no es sólo un fenómeno externo, se da  en cualquier lugar e invade a diario tanto las casas de la ciudad como las del campo. El 80% de nuestro tiempo lo pasamos en lugares cerrados: en la oficina, en el salón de casa  donde el ambiente está igualmente muy contaminado. Esta contaminación doméstica, similar en composición a la del exterior (partículas finas, metales pesados, COVs…) proviene tanto de las fuentes de calor y climatización, como de los materiales de construcción y decoración (muebles, pinturas, suelos...) o incluso de productos de limpieza e higiene (sulfatos…).

sequedad extrema

Las estadísticas lo afirman, la piel urbana presenta mayor sequedad que la que vive en pleno desierto.Después de realizar un estudio dermatológico a varias mujeres de distintos puntos del mundo, se ha descubierto que, curiosamente, las que residen en lugares secos como el desierto de Arizona presentan una piel en mejores condiciones de hidratación que las que viven en los climas más húmedos, como puede ser Nueva York. 

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Es un hecho, las mujeres que viven en grandes núcleos urbanos someten a su piel a constantes cambios de nivel de humedad relativa, pasando de locales con aire acondicionado o calefacción al entorno húmedo de la calle. Así, por ejemplo, en un mismo día de verano, es posible pasar varias veces de un nivel de humedad del 40%, propio de las oficinas, al 100% correspondiente del exterior. Y es precisamente esta constante oscilación la causante de la sequedad cutánea. Es más, cabe decir que la piel necesita un periodo de adaptación mínimo de 2 semanas para adecuarse a estos cambios, un tiempo del que no dispone.